PEQUEÑOS GESTOS PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrator   
Miércoles, 28 de Enero de 2009 09:04

 

        Esta mañana, al salir a pasear con uno de mis perros, atravesé por vez primera el nuevo puente que construyen junto a casa.  Algo tan aparentemente trivial me  ha hecho reflexionar pues, acostumbrada a cruzar el antiguo puente y a tener, por tanto, una visión fijada de mi entorno circundante, me llamó la atención poderosamente cómo unos pocos centímetros de más altura y un grado diferente de orientación hacen tan distinto lo que se ve: La perspectiva de Sevilla era otra, la de la A-49 también e incluso la mía, allí sobre el puente era también desconocida. Las sensaciones eran novedosas como cuando vas por primera vez a un sitio y sientes una cierta inseguridad, un cosquilleo ante lo desconocido ¡Y estaba en un lugar donde he vivido y me he movido los últimos treinta y cinco años!. Toda una vida, vamos.

        Todavía más curioso me ha resultado lo que he visto desde allí: pequeños  gestos de buena voluntad que, a buen seguro, marcarán el día a quienes los han protagonizado.

         Nunca antes había visto a  tantos conductores ceder el paso a un coche que se inserta en la autovía. Coche si, coche no, iban dejando paso al que trataba de insertarse y, como en una danza, todos tenían su sitio y todos fluían en la corriente de circulación, en la corriente de la vida.

         Me dio que pensar en cómo eso influirá en el que recibe el gesto y en el que lo hace. Uno hace un regalo que, a buen seguro será como una cadena, pues el receptor del mismo, más alegre, agradecido, feliz en una palabra, muy probablemente repetirá un gesto de buena voluntad a lo largo de su día: quizás una sonrisa comprensiva a ese cliente torpón y pesado que retiene su atención más de lo necesario, quizás ceder el paso a otro conductor en un cruce en la ciudad, quizás una llamada no de su competencia pero sí necesaria para mejorar un servicio…. Quizás. Y todo porque alguien esta mañana le cedió el paso, apenas una leve pisada al freno, unos centímetros que marcan la diferencia entre entrar en la red o quedarte esperando.

         Me pareció hermoso ver esas luces en la semioscuridad del amanecer haciéndose guiños de complicidad y pensé en los muchos pequeños gestos de buena voluntad que ayudan a armonizar el mundo a cada instante, que nos ayudan a armonizarnos, que llevan y llenan de “armonías del mundo” este planeta. Son gestos que llevan la música más sublime, la del corazón, aquella que recorre nuestras venas a cada latido, aquella que nace del sonido integrado y acoplado de nuestros distintos órganos y sistemas, aquella que nace de nuestra respiración pausada y satisfecha cuando nos sentimos felices.

        Pequeños grandes gestos de buena voluntad que llenan el mundo a cada instante, como hierbas en un prado verde, dejando su sutil fragancia para que alimentemos de pequeños gestos sanadores nuestro corazón y nuestra vida.

         Gracias a esos conductores anónimos por mostrarme el lado amable de la vida hoy, por mostrarme que la buena voluntad existe y que se muestra en cualquier pequeño gesto.

          Gracias a todos los que cada día llenáis el mundo de pequeños gestos amables.    

 

                                                   Carmen Rodríguez, Máster en PNL, experta en Chi Kung.            

                                                                      Secretaria de Asociación Armonías del Mundo.        

Última actualización el Miércoles, 28 de Abril de 2010 17:34
 
 

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