GRACIAS PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrator   
Martes, 02 de Diciembre de 2008 11:16

       El año cronológico –pues el tiempo es un continuum cíclico que ni empieza ni acaba -, está próximo a terminar y se me ocurre que, quizás, sea un buen momento para reflexionar, hacer balance, mirar hacia el interior y también hacia lo que nos rodea, con otros ojos, desde otra perspectiva.

 

        El año termina, decía, y tal vez ahora sea un buen momento para agradecer. ¿Agradecer qué?

       Agradecer ante todo  el don divino de la vida. Estoy viva, estamos vivos, la chispa divina recorre nuestras venas, nuestras células, nuestros proyectos de células – esas que están gestándose diariamente para nacer cada día y renovarnos al completo.

       Agradecer el don de la respiración, el hálito que es la primera danza rítmica que hacemos cuando venimos al mundo. Respiramos sin proponérnoslo, sin intentarlo, sin ensayarlo, sin pensarlo… sólo dejamos que ocurra. Escuché a alguien decir algo así como que la inspiración  era un regalo que nos era dado a cada instante a lo largo del día, a lo largo de la vida. A cada bocanada cogemos todo aquello que necesitamos para seguir vivos y hay quienes, por entrenamientos y trabajos energéticos profundos son capaces, dicen, de coger alimento y vivir sólo del aire…

      Agradecer la comida (las tres o cinco comidas) diarias que hacemos, escogiendo la mayoría de las veces lo que nos apetece, desechando lo que no nos gusta o no queremos, mostrándonos quisquillosos en cuanto al punto de sal, pimienta, grado de cocción…porque podemos permitírnoslo: sólo hemos de abrir la nevera y variar el menú, cambiar de idea o resolver la profunda duda de si quiero el yogur de frutos del bosque o, tal vez, sea mejor el de mango y mandarina.

      Agradecer un techo sólido y confortable sobre nuestras cabezas y un suelo firme bajo nuestros pies, a salvo del agua, del frío o del viento.

     Agradecer las ventanas con cristales y persianas y mosquiteras  que abrimos, cerramos, entornamos y hasta cambiamos no en función del deterioro por el uso, sino de las  modas o del estado de ánimo.

      Agradecer el agua, el agua corriente (que corre) con sólo abrir el grifo, que se gradúa en cuanto a su fuerza y a su temperatura.

      Agradecer la ducha o el baño: el placer de meterse bajo o dentro del agua, elegir al gusto si fría, tibia o caliente, limpiarnos – a veces más por necesidad psicológica que física -, sentirnos nuevos, preparados para otro día, otra noche.

      Agradecer abrir el armario y escoger la ropa interior ¡conjuntada, por supuesto! y la de fuera a la moda: blusas, camisas, chalecos, pantalones, faldas, abrigos, chaquetas y la lista interminable de complementos: foulards, bolsos y zapatos, botas, corbatas, pañolones, echarpes, pendientes, anillos, pulseras, colgantes, collares…. de todas formas, colores, tendencias, simbologías y materiales.

      Agradecer el dinero que nos llega: por el trabajo, la pensión, el subsidio, la ayuda, el chapú, los negocios, las herencias, los regalos, los juegos de azar, las rentas invertidas…

      Agradecer el trabajo, el hobby, la tarea, las aficiones…todo aquello que de una forma u otra ocupa gran parte de nuestro tiempo.

      Agradecer el divino don del sueño: acostarnos y dormir, dormir y descansar, levantarnos renovados, regenerados,  dispuestos a empezar un  nuevo día.

      Agradecer el amor – en sus distintas manifestaciones – que damos y recibimos., compartimos en una palabra, con amigos, familiares, hijos, pareja, padres, hermanos, animales y  plantas que conforman nuestro pequeño mundo.

       Agradecer el vivir en un entorno físico, humano, político, económico  y social afortunado: paz, armonía, cauces abiertos al diálogo para solucionar conflictos, niveles de bienestar, recursos que permiten medidas de bienestar social a gran parte de la población…

       Agradecer la capacidad de reconocer, darnos cuenta, comprender el privilegio, la fortuna, la dicha que tenemos de ser quienes somos y estar donde estamos: no hemos hecho ni somos nadie especial para ser y tener lo que somos y tenemos: somos, solamente, el resultado de unas afortunadas conjunciones génetico-ambientales-sociales que se han dado y se continúan dando para que seamos lo que somos y llevemos la vida que llevamos. Darnos cuenta de esto es ya un gran paso, un paso que nos permitirá andar con la cabeza más alta, los hombros más firmes y las ideas más claras en el sendero de la realización de nuestra misión en esta tierra, olvidando y dejando atrás la autocompasión y la depresión, la amargura y el resentimiento: todo forma y formará parte del guión escogido, recordarnos esto, agradecer lo que viene, tener las manos, el corazón y la mente abiertos, permitiéndonos convertir “los limones en limonada” y los momentos dulces en fiestas para compartir.

      Agradecer...tanto, agradecer todo.

       Gracias: quizás una de las palabras que más alas dé al corazón.

 

                                                               Carmen Rodríguez, Máster en PNL, experta en Chi Kung.

                                                                              Secretaria de Asociación Armonías del Mundo.

Última actualización el Miércoles, 28 de Abril de 2010 17:40
 
 

Artículos