EN EL ECUADOR DE MI VIDA PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrator   
Viernes, 30 de Abril de 2010 19:42

      En el ecuador de mi vida – el próximo tres de mayo entro en la cincuentena – encuentro lógico y natural echar la vista atrás, hacer balance y compartir reflexiones y  experiencia con otr@s a quienes, tal vez, pueda servir, o inspirar.

 

       Cuando era una niña de seis o siete años, alguien con cincuenta me parecía, no ya muy mayor, sino casi anciano… ahora, al llegar yo misma a esa edad… me siento sólo un ser humano con experiencias, vital y lleno de proyectos e ilusiones. Tener cincuenta años en este lado del mundo y en 2010 es una verdadera fortuna: eres joven, soy joven y, a la vez, tengo ya la solera y el aprendizaje de los años no sólo vividos, sino trabajados desde la perspectiva del desarrollo personal.

 

       Si viviera en el XIX y perteneciera a las clases pudientes, ahora sería una agradable dama ya  mayor y algo achacosa, confinada más o menos a mi hogar, mi iglesia - del rito que fuere -, mi té, algún escarceo cultural  y mis obras sociales como mucho. Si viviera en la misma época y perteneciera a la clase obrera, puede que ni estuviera viva y si lo estaba el cansancio crónico por falta de alimentación adecuada, los muchos partos y el trabajo agotador en la fábrica o en las grandes casas me tendrían al borde de la ancianidad.

 

       Si viviera  en el siglo XVI y perteneciera a las clases pudientes, sería, posiblemente, la matriarca de la familia, relegada a un lugar encumbrado y solitario donde, dependiendo del país y la cultura estaría acompañada de mis damas, mis pocos – por lo caros y escasos-  libros, mis perros y las labores de bordado que ya, quizás,  no podría realizar. Posiblemente fuera viuda y si mi marido viviera, hace ya tiempo que me habría apartado, probablemente, de su lecho, y me hubiera trocado por amantes de carnes más jóvenes y firmes que le hicieran creerse todo un galán. Quizá no me hubiera importado demasiado dado que mi boda sería el resultado de un matrimonio, en la mayoría de los casos, concertado, sin amor ni amistad. Si viviera en esa misma época y perteneciera al pueblo llano, ni siquiera tengo muy claro que viviera; las enfermedades, los partos o el hambre me habrían llevado a la tumba hace ya tiempo. De vivir, a buen seguro que era viuda y miserable, con poco más que una casucha y desechos que comer.

 

      Si retrocediera mucho mucho más atrás en el tiempo puede que hasta fuera una rareza digna de respeto y fuente de sabiduría y transmisión de conocimientos. Desdentada y medio ciega, recorrería lentamente los senderos del poblado hasta apoyar mi espalda en los árboles añejos que había visto crecer lentamente.

 

       Hoy, aquí, en el rincón afortunado del mundo, sigo siendo una mujer joven que reivindica las hebras de plata en su cabeza porque hace mucho tiempo que dejo de esconderse detrás de tintes multicolores que prometen la belleza y la juventud a golpe de brocha y pigmentos.

 

       Hoy, aquí, en el rincón afortunado del mundo, sigo siendo una mujer joven que viste ropas de colores alegres, conduce, aprende cosas nuevas cada día y mantiene la curiosidad virgen de los cinco años, sin necesitar obtener permisos del mundo para ser, hacer o  estar.

 

        Hoy aquí, en el rincón afortunado del mundo, disfruto de la maternidad de un hijo tenido en la madurez y que va para los doce años, ayudándolo con los  deberes escolares y participando con él en actividades lúdicas y divertidas, maravillándome de su curiosidad y deseos de aprender.

 

        Hoy aquí, en el rincón afortunado del mundo, disfruto de una matrimonio feliz en el que mi pareja me hace sentir hermosa y deseada, gozando de la compañía mutua  para compartir experiencias, actividades y aprendizajes.

 

         Hoy aquí, en el rincón afortunado del mundo, hago balance y tomo conciencia de cuánto  he aprendido  y aprendo cada día y cuánto  he tenido que desaprender y desaprendo para disfrutar y mejorar no sólo mi calidad de vida, sino de ser.

 

         Hoy aquí, en el rincón afortunado del mundo, doy las gracias por todo lo que la vida me da y a cuantos están y estuvieron  en ella – seres humanos y de los otros reinos -, a cuantos me  ayudaron  y me ayudan de una forma u otra, a cuantos me enseñaron y me enseñan cada día y, sobre todo a mis padres y a través de ellos a todo mi linaje familiar ya que, aunque hace tiempo cruzaron la línea que separa los mundos, fueron los canalizadores de este viaje que ya dura cincuenta años, medio siglo…ahí es nada.

 

                                                               Carmen Rodríguez, Máster en PNL, experta en Chi Kung.

                                                                              Secretaria de Asociación Armonías del Mundo.

Última actualización el Viernes, 07 de Mayo de 2010 16:57
 
 

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